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Minicronología del Globo
El Globo no es ni la sombra de lo que fue. La gente de Huejuquilla no acostumbra comer en restaurantes, a menos que se encuentre lejos de su casa, de parranda o enojadoa con su cóyuge. En sus mejores tiempos El Globo fue centro social de los empleados de la SRH, de la CENSA y de otras compañías constructoras de fuera. Con el sólo hecho de trabajar allí, sus empleados conseguían crédito, comían, bebían, charlaban y derrochaban el tiempo mirando el pasar de la gente a través de los cristales de El Globo. Las muchachas que no encontraban novio en Huejuquilla, o que aspiraban a conocer la vida de ciudad, allí acudían y fueron muchos los matrimonios que entonces se forjaron y que hoy recuerdan con nostalgia ese nido. Pero también hubo rumores, pleitos y rupturas que daban al lugar un aspecto teatral en cuyo escenario lo mismo se presentaban romances que tragedias. En realidad la historia comienza en los años 50, con la llegada de los soldados (o changos), rurales y judiciales. Ignoro las funciones de El Globo en aquellos tiempos. Sé que antes de ser restaurante, fue ferretería. Atraídas por los cortes de pelo y la vestimenta verde olivo de los militares, las mujeres los buscaban, se entregaban en cuerpo y alma y se iban del pueblo con ellos, coronando así sus ambiciones de escalar a un mayor rango social. Algunas muchachas (por respeto me reservo sus nombres) se casaron, otras simplemente se fueron con ellos para volver, días o años después, cargando niños y maletas vacías. Los militares eran casados, había hostigamiento hacia el hogar ilícito en un país católico o, como dice José José: "El amor acaba". Pero no se descartan las posibilidades de que haya habido genuinos lazos de amor. La historia se repitió cuando llegaron las compañas constructoras. Mientras se trazaban las carreteras, se construía la presa la presa y se abrían los aserraderos, los comerciantes presagiaban la prosperidad de sus negocios. Ejemplo de ello fueron Salvador Reyes, Gustavo y Griseldo González, quienes ampliaron y abastecieron sus bodegas tal si estas fueran barcas de Noe. Se inauguró el Club de Leones donde sus miembros cenaban mensualmente y se autoelogiaban y, eufóricos, felicitaban al ingeniero (fulano de tal) y al licenciado (x) por los menores logros, que ante sus ojos eran tan grandes, como el tamaño de la ambición. Bancomer abrió sus puertas para cerrarlas más tarde debido a problemas administrativos. Había bailes y pleitos y multas y la Presidencia todavía era atractiva para una docena de pretendientes. Varias escuelas, clinícas y la modernización de los servicios son producto de ese auge que nos hizo figurar en el mapa. La gente bajó de los ranchos. No trabajaba quien no quería, asegura un expresidente. En el ámbito de las relaciones amorosas, los años 80 fueron decisivos. Se creó la discoteca Xanadú y aumentó la cantidad de tiendas y restaurantes donde la novedad eran las hamburguesas y las salchichas. Guillermo Robles, maestro y dueño de la mercería, animó a la juventud con su carácter afable. Se hacían fiestas al menor motivo. El mariachi pudo vivir de la música aunque se contrataban solistas y grupos de notoriedad creciente. Florecieron los conjuntos norteños. Se propagó el uso de la grabadora entre “Los Oreganeros”. Recuérdese a Manuel Carrillo. El aserradero aumentó su personal. Si por un lado los foráneos talaban los bosques, dividían corrales con las carreteras y manipulaban el terreno para beneficiar con el agua de los canales a los propietarios ya privilegiados, por el otro generaban empleos y riqueza. El periódico Mi Pueblo redujo su covertura de la Cristiada para dedicar algunas de sus páginas a estos cambios. Todo principio tiene fin y cuando los proyectos estaban por terminarse, para coraje de muchos, incluyendo "Los Oreganeros", los empleados de fuera se llevaban a las muchachas. "Los Oreganeros" y los de la CENSA mantuvieron una riña eterna que dejó descalabrados "a más de cuatro", dice un ex-militante. He tratado de hablar con algunos de ellos sobre esa época y he desistido de llevar a cabo mis propósitos (de escribir) porque parece que les trae malos recuerdos. Este ciclo de prosperidad duró 30 años. Los vendedores ambulantes de hoy, los viajeros ocasionales, los comerciantes (en grande) y los gobiernos han sido incapaces de revivir aquella algarabía. La presa se ha secado. Las carreteras son las peores. Ahora Huejuquilla depende principalmente del dinero que envían los residentes de Estados Unidos. ¿Y el presupuesto y Pémex y el turismo? Bien gracias. Unos comerciantes le echan la culpa a la crisis nacional, otros a la escasez de dólares, y otros a los zapatistas, pero entre ellos no se menciona al fugitivo Carlos Salinas de Gortari. Antes el cartero traía al Globo noticias de los antiguos clients, de las muchachas acudían a beber café. Ahora muchas viven en Estados Unidos o se han casado en alguna parte de la República. Amén de las que aún andan por ahí. Como medida de seguridad ante la crisis económica, una paletería ocupa la mitad del local de El Globo. Hay paletas de sandía, de piña, de coco, etc. Gran parte de la clientela es gente de rancho que va de compras y a misa los domingos; los otros días es gente que va de paso. Algunos señores se detienen a comer caldo de res en El Globo en tanto las muchachas del pueblo pasan diciendo “adiooooós” a la anfitriona y prometiéndole que volverán al atardecer, cuando la plaza comience a poblarse de parejas y las tenues luces del Globo se enciendan.
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